viernes 13 de marzo de 2009

La pintura sobre lámina metálica en la Venezuela colonial





Este es un resumen de mi trabajo de grado realizado para la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela en 2004, y por el cual se me otorgó Menciones Honorífica, Publicación y "Mejor Trabajo de Grado, FHE 2004" por la Facultad de Humanidades de la Universidad Central de Venezuela. El mismo fue tutoreado por la profesora e historiadora del arte venezolana Janeth Rodríguez Nóbrega.
Hasta hace unos años la historiografía local había asegurado que en la Venezuela colonial las técnicas de pintura sobre soportes “no-tradicionales” como las láminas metálicas, vidrio, marfil, nácar, mármol y espejo fueron desconocidas y, por lo tanto, nunca practicadas por nuestros artífices.[1] Estas aseveraciones fueron manejadas en su mayoría por nuestros
historiadores Alfredo Boulton y Carlos F. Duarte, quienes además sostuvieron que la presencia de obras de esta categoría en nuestro territorio sólo se debió a la llegada de piezas extranjeras.[2]
Sin embargo, Boulton en su estudio referente a las testamentarias del siglo XVIII de su texto Historia de la Pintura en Venezuela. Tomo I, señaló que durante esta época se pintaba también sobre superficie de alabastro, carey, mármol y talco,
[3] y hace referencia a pinturas sobre cobre y láminas en lata, asegurando que estas últimas son de procedencia mexicana o guatemalteca.[4] La práctica sobre soportes poco tradicionales como alabastro, carey y talco, nos permite considerar que nuestros artífices pudieron estar trabajando sobre soportes aún más comunes y fáciles de obtener como las láminas metálicas y que, si no se poseen datos del origen de estas piezas, entonces también cabría la posibilidad de que fuesen de manufactura venezolana. No obstante, en estas afirmaciones del autor, existe un tono ambivalente que de cierta manera deja abierta la posibilidad de haberse practicado el ejercicio en Venezuela durante el siglo XVIII y en adelante.
De esta curiosa escena de debate, emergió nuestra investigación titulada La pintura sobre lámina metálica en la Venezuela colonial. Un estudio histórico y documental la cual se dio a la tarea de confrontar dichas teorías derivando en un camino que nos ha topado con hallazgos inmensamente interesantes. Es un documento que se nos ha convertido en un estudio permanente y renovable acerca de esta práctica en nuestro país, y con la cual hemos llegado a descubrir que en nuestro territorio existieron varios centros artísticos en los que se ensayó con estas técnicas “alternativas” para explotar lo útil e innovador de los materiales locales.
Por lo novedoso del tema, quisimos brindar al lector la información más actualizada y por ello nos apoyamos en las investigaciones de prestigiosos historiadores como Isabel Horovitz, Clara Bargellini y Nicholas Eastaugh quienes se han convertido en paladines del asunto. Al tomarles la palabra, analizamos el desarrollo de la técnica en los virreinatos de Nueva España, Nueva Granada y del Perú por las influencias que pudieron ejercer sobre nuestros creadores, y presentamos la historia prístina desde la Europa del siglo XVI al XVIII ya que fija su posible invención en Italia. Destacamos también aportes de los artífices flamencos en tanto que perfeccionaron la técnica y de los españoles pues se encargaron de remitirla al continente americano.
El aporte de los teóricos españoles se nos hizo imprescindible por el importante registro de datos en sus tratados cuando detallaron las praxis habituales, y estos tópicos los aprovechamos para presentar grosso modo una síntesis de los métodos de ejecución propuestos por Vicente Carducho, Francisco Pacheco y Antonio Palomino para manejar una idea general del proceder de los pintores, inclusive americanos, ya que estos textos contaron con gran difusión en el continente. Por el lenguaje altamente técnico que en ocasiones debimos emplear, complementamos con un "Glosario de términos” y un apartado “Sobre los pigmentos” expuestos a manera de anexos.
Al ser el primer estudio en abordar el uso de la técnica en la Venezuela colonial expusimos una muestra amplia de pinturas que constituyen la prueba de su presencia en nuestro territorio. En su mayoría son piezas anónimas, o sin fechar o de procedencias desconocidas, pero son obras típicamente coloniales que mantuvieron una expresividad estética y un desarrollo dibujístico y pictórico más o menos similar a lo largo de los siglos, para incluso probar la continuidad de la técnica en el siglo XIX. Las interrogantes acerca de autorías, fechas y orígenes estuvimos conscientes de que han podido librarse sometiendo las piezas a estudios físico-químicos y con tan sólo el uso de una pequeñísima muestra de capa pictórica nos acercaríamos a espacios de creación más definidos; sin embargo, tal labor se nos hizo imposible al momento del desarrollo de la investigación por carecer de los medios económicos.


La técnica de la pintura sobre soportes metálicos en la Venezuela de los siglos XVII, XVIII y XIX, fue una práctica que estuvo en manos de artífices interesados en experimentar con soportes más económicos que las telas, siendo en la mayoría de los casos el latón y la hojalata, pero que a la vez permitiesen cubrir ciertas necesidades de conservación, novedad y prolijidad pictórica. De esta manera penetraron en el mundo de esta técnica para producir pinturas de fácil traslado, de cómoda manipulación, duraderas y muchas veces de gran preciosidad. Pero, a la vez, eran cuadros que se adecuaban perfectamente a las prácticas litúrgicas y devocionales de la más exigente clientela de la época, quienes al conservar este tipo de piezas, además, estaban atesorando objetos decorativos y/o curiosidades que reafirmaban su condición social de familias aristocráticas.
Aquellas centurias estuvieron inmersas en ejercicios pictóricos en boga pues efectivamente la pintura sobre lámina metálica fue practicada por nuestros artífices. Y aunque la producción de las mismas no fue tan numerosa como en los virreinatos, tener conocimiento de su ejecución y empleo en Venezuela durante la etapa de dominación hispana da un vuelco a la historiografía local.
Al revisar el contexto colonial venezolano, podemos notar que el escenario era propicio para el empleo de la técnica pues varias situaciones se estaban gestando. En primer lugar, en los inventarios aparecen reseñados retoques y restauraciones ejecutadas por prestigioso pintores, de lo cual se interpreta que hubo un movimiento frecuente en la realización y manipulación de pinturas sobre láminas metálicas. En segundo lugar, en el Estado Yaracuy, en la zona de Aroa, estuvieron ubicadas las minas de cobre cuya explotación fue abundante, sobre todo durante el siglo XVIII, lo cual significa que hubo cierta disponibilidad de los materiales. Y en tercer lugar, debemos señalar la existencia actual de pinturas anónimas y otras ejecutadas por dos reconocidos artífices venezolanos. Dos firmadas por José Lorenzo Zurita (vistas y referidas por el historiador Carlos F. Duarte), una atribuida a Juan Pedro López y siete que integran la colección de arte colonial de la Universidad Simón Bolívar, de las cuales cuatro provienen de la Escuela del Tocuyo.
Por el carácter histórico, documental y patrimonial, con esta investigación hemos proporcionado al lector y al investigador un “Inventario de obras” en el cual consignamos pinturas de distintos orígenes existentes en Venezuela, y un “Catálogo de obras” en el que hicimos el análisis formal e iconográfico de cada una. Todo esto con la conciencia de que se crease un estudio germinal capaz de abrir el camino a futuras disertaciones que, en el mejor de los casos, se basen en las fuentes documentales que con el tiempo vayan apareciendo y, sobre todo, en rigurosos exámenes de laboratorio.

[1] Alfredo Boulton, Historia de la pintura en Venezuela. Época colonial, t. 1, p. 45. y Carlos F. Duarte, Los maestros fundidores..., p. 7.
[2] Alfredo Boulton, ob. cit, p. 45
[3] Ibídem, p. 121.
[4] Ídem

Las imágenes aquí mostradas integran la Colección de Imaginería Colonial de la Universidad
Simón Bolívar. La primera es una Nuestra Señora de la Candelaria, siglo XIX, óleo sobre latón. La segunda es un San Antonio de Padua, siglo XIX, óleo sobre latón adherido a madera. Y
la tercera es una miniatura, un Paño de la Verónica de comienzos del siglo XIX, óleo sobre latón adherido a madera.

Las fotografías fueron proporcionadas por la curadora de la colección, la Dra. Gloria Urdaneta.